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17 ago 2017

Descripción


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01 ago 2017

prueba


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03 jul 2017


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03 jul 2017


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13 jul 2017

Con un pie dentro de la pista en los restos. Así se presentó Garbiñe Muguruza al partido contra Magdalena Rybarikova. Fue la jugadora agresiva que es, que siempre ha querido ser. Con criterio, porque notó que Rybarikova entraba con miedo al escenario de la semifinal. Y con ese paso ya desde el segundo saque de la eslovaca, agrandó todavía más el temblor en su muñeca: cedió su primer turno de saque con una doble falta. Un plan para cada rival para estar en su segunda final de Wimbledon en una hora y 4 minutos. Sin titubeos. Sin freno.

Se ciñó al la estrategia con una disciplina ganadora. A cada paso que la española daba hacia delante, era uno o dos hacia atrás de la eslovaca, sin argumentos de ningún tipo para frenar el vendaval Muguruza. Golpes muy profundos y acertados a cada lado de la pista, y si era necesario, presionar más a Rybarikova con subidas a la red. Un plan para cada rival, y cientos de recursos para llevarlos a cabo. Con calma hasta para defender bolas de break (en el quinto juego del primer set). Con decisión para recuperar el mando y la iniciativa. Con contundencia para firmar el primer set por 6-1 con un gran primer saque. Ese único juego de Rybarikova llegó a los 25 minutos; y la Pista Central lo celebró con ganas. Querían más partido, y la eslovaca parecía haber despertado por fin.

Pero su sueño, y su cuento de hadas, terminó siendo una pesadilla con nombre de Garbiñe Muguruza. Sin cambiar un ápice su mirada concentrada, la española volvió a romper el servicio de su rival en el primer juego el segundo set. Otro golpe moral para la eslovaca, desesperada, enfadada, sin encontrar ni una sola opción viable para hacer daño a su rival, alojada en el revés cortado por si, de vez en cuando, encontrara algún punto. Pero Muguruza sumaba aces, subidas a la red, remates, ganadores y gritos de guerra en cada golpe. Un martillo al ataque e infranqueable en la defensa. Simplemente, perfecta.

Los riesgos eran altos, pero muy efectivos. El segundo break lo logró con un revés paralelo que dejó clavada a Rybarikova, que había empezado a jugar algo más y mejor. Pero nunca tanto como para inquietar a Muguruza, implacable desde el fondo y hasta efectiva en la red, sin tomarse un respiro ni medio paso atrás. La mejor Muguruza, al alza en este Wimbledon justo cuando toca, en los momentos más difíciles, más tensos, más parejos, y en los que más se puede brillar. Ya en semifinales, sigue como la tenista con menos juegos perdidos, solo 39. La Pista Central volvió a aplaudir a rabiar el segundo juego de Rybarikova con 4-0, con un tenis más consistente, pero incapaz.

Porque ni siquiera con 5-1 frenó Muguruza su pasión. Atormentó a la eslovaca hasta el final, y al resto, invalidando el único golpe que daba algo de respiro a su contrincante. Tres bolas de partido logró la española. Un globo fue demasiado largo, pero a la segunda, a pesar del carrerón y la defensa, Muguruza se fue hacia la red para cerrar el puño y volver a sonreír. Está en la final de Wimbledon, por segunda vez en su carrera. Y con este tenis, que pase la siguiente.